La función social del seguro la estudia la teoría del seguro. Es ésta una disciplina lamentablemente poco cultivada. Especialmente si tenemos en cuenta el enorme peso del mercado asegurador en nuestras economías. En concreto, lo que la teoría del seguro persigue es estudiar el rol que la institución aseguradora tiene en nuestra sociedad.

Las dificultades para su estudio no son pocas. Karl Borch, uno de los mayores estudiosos de la teoría del seguro manifestaba la enorme dificultad para definir, de forma sencilla y satisfactoria, qué es un seguro. Por ese motivo prefería, en lugar de intentar dar con la definición adecuada, ceñirse simplemente a indicar cuáles son los elementos básicos del seguro. Consideraba que eran dos. Por un lado, la prima. Y, por otro, la posibilidad de que acaezca un hecho que de lugar a una indemnización. A pesar de ello, multitud de intentos de clarificación ha habido en esta materia. Como por ejemplo el Juan de Mora y Morales. Era éste un comerciante gaditano del siglo XVIII. Escribió un texto donde ya se recogían las dos grandes contribuciones sociales del seguro. Se refería al reparto de riesgos y a la estimulación para la inversión.

La función social del seguro y la economía

Abundando en lo apuntado por Juan de Mora, dos son las grandes aportaciones del seguro a la economía. Siempre que asumamos que en la teoría del seguro partimos de la base de que lo fundamental del seguro es la trasferencia del riesgo del asegurado al asegurador. La primera función social del seguro es que facilita y potencia la inversión. Ello es debido a que da cobertura de riesgos a quienes de otra forma no podrían asumirlas. Esto beneficia especialmente a quienes por su limitado patrimonio no tienen opción de autoasegurarse.

Por ejemplo, quien dispone de una flota de cien barcos para tráfico mercantil marítimo puede renunciar a asegurarlos. Y con el ahorro de primas compensar el riesgo de naufragio de alguno. Si actuase de este modo, un sinistro no afectaría de modo determinante a su patrimonio. Sin embargo, para quien sólo posee un barco, asegurarlo le resulta rentable y aconsejable. Y hasta vital para su patrimonio.

La segunda función social del seguro es que posibilita y potencia la igualdad social y económica. Esto es debido a que permite que los menos favorecidos patrimonialmente dispongan de instrumentos para protegerse. Evitan así la extrema pobreza que un azar adverso pueda procurarles. Contrariamente, los grandes patrimonios tienen el poder de autoasegurarse, pues una pérdida de una parte de su patrimonio puede ser absorbida con relativa facilidad.

La función social del seguro y el desarrollo del capitalismo

De estas contribuciones se desprende que la función social del seguro es de enorme calado en el desarrollo del capitalismo. En un sentido parecido, las sociedades por acciones que nacieron con el capitalismo son otra forma de transferencia del riesgo distinta a la del seguro. Aunque evidentemente en este caso, además de compartir riesgos se comparten beneficios. Desde este punto de vista, la bolsa, el máximo exponente del capitalismo, es junto con el seguro uno de los dos grandes instrumentos de la traslación y socialización de riesgos que facilitaron el desarrollo capitalista. Tanto en la bolsa como en el seguro, la percepción del riesgo es lo que mueve el mercado. Ambas se alimentan de él.

Dos veleros mercantes ilustran la importancia de la función social del seguro en el desarrollo del capitalismo

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