Las condiciones en un contrato de seguro pueden ser de dos tipos, generales y particulares. Las condiciones generales son las cláusulas que incluye el contrato y vienen ya redactadas previamente por la compañía de seguros. Suelen ser condiciones que regulan un ramo de seguros concreto. Como por ejemplo, el de seguros de vida o el de autos. Acostumbran ser, en principio, idénticas para un mismo ramo de una determinada compañía. Por ese motivo, están impresas ya de antemano en sus modelos de pólizas.

A diferencia de las generales, las condiciones particulares individualizan el contrato de seguro de forma mucho más concreta. Mediante ellas, se hace diferir unos contratos de otros. Además, pueden modificar las condiciones generales. Por ejemplo la suma asegurada o el alcance y límites de la cobertura.

Las condiciones en un contrato de seguro y los apéndices o suplementos

No hay que confundir las condiciones en un contrato de seguro, en especial las condiciones particulares, con los apéndices o suplementos. Estos últimos son documentos que modifican de alguna manera lo que ya está pactado en la póliza. La modificación suele consistir en un aumento o disminución de la cobertura o  haciendo constar cualquier otra circunstancia que incida sobre el riesgo asegurado. Deben ser formalizados por escrito y, además, tienen que ser firmados por las mismas personas que suscribieron la póliza o por sus representantes. Los supuestos más frecuentes en la emisión de apéndices son:

  • Por aumento o disminución del capital asegurado
  • Por cambio de lugar de los objetos asegurados
  • en caso de modificación en la naturaleza de los riesgos, intrínsecamente o extrínsecamente considerados y desde un punto objetivo o subjetivo.
  • Por cambio de propiedad, del interés asegurable o en la calidad en que se contrató.

Por último, conviene destacar el artículo 3 de la Ley de Contrato de Seguro (L.C.S)  que establece que, en ningún caso, las condiciones en un contrato de seguro nunca pueden tener carácter lesivo para los intereses de los posibles asegurados. Y, en el caso de que pudieran serlo, deberán incluirse en un documento complementario a la póliza. En el caso de las cláusulas que limiten los derechos de los asegurados, por imperativo legal se deben hacer destacar de modo especial.

Imagen de una carta que simula un texto para definir las condiciones en un contrato de seguro

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