En el ámbito de los contratos de seguros, se entiende el riesgo como “la posibilidad de que, por azar, ocurra un hecho que produzca una necesidad patrimonial”. Es la causa de que exista el contrato de seguro y siempre implica una transferencia, desde al asegurado al asegurador, de un daño eventual que pudiera poner en peligro su patrimonio. En definitiva, el contrato de seguro supone un desplazamiento del riesgo del asegurado a la entidad aseguradora.

Visto así, hay dos cuestiones que lo caracterizan. Por un lado, la posibilidad de que ocurra un hecho no deseado y, por otro, que ese hecho no deseado suponga un perjuicio económico para el asegurado. No obstante, no todos los riesgos son asegurables. Para que sea asegurable debe cumplir dos requisitos técnicos fundamentales:

  • Debe conocerse la probabilidad de ocurrencia del siniestro y se puede fijar, por tanto, una prima justa.
  • Existe una masa de asegurados que experimenten la necesidad del seguro que les ampare de determinada clase de riesgo.

Características del riesgo

Además de cumplir estos dos requisitos indispensables, para ser asegurable, debe reunir las siguientes condiciones:

1.-Debe referirse a la posibilidad de un acontecimiento futuro.

2.- Debe ser conocido en toda su extensión y alcance por el asegurado y el asegurador.

3.- Debe ser incierta su realización o el tiempo en que haya de producirse.

4.- Tiene que ser posible.

5.- Ha de ser independiente de la voluntad del asegurado y del asegurador. El azar es el factor fundamental del riesgo.

6.- Ha de tratarse de un hecho lícito, ya que los hechos ilícitos no pueden ser objeto de contrato, del cual es causa lícita el riesgo.

Clases de riesgos

Los dos principales formas de clasificarlos son la que hace distinción entre riesgos objetivos y riesgos subjetivos y la que distingue entre riesgos ordinarios y riesgos extraordinarios.

Objetivo

Este tipo de riesgo es perfectamente describible en lo que respecta a su composición y características principales, motivo  por el cual la entidad aseguradora puede cuantificarlo satisfactoriamente. Este tipo de riesgos, por tanto, permite hacer una valoración de la prima a aplicar en el caso de su aceptación por la entidad aseguradora. Un ejemplo de riesgo objetivo sería el de un automóvil asegurado contra daños ocasionados por terceros.

Subjetivo

Es el riesgo que implica una serie de circunstancias concernientes al asegurado y que no se pueden objetivar. Sólo las conoce el propio asegurado, pero no siempre pues en ocasiones hasta el mismo asegurado puede no ser consciente de ellas. Suelen ser cuestiones relativas a la moralidad del asegurado, seriedad en el cumplimiento de compromisos adquiridos, a sus costumbres y a su estado de salud, a su situación financiera, etc. Los riesgos subjetivos repercuten en los resultados de las entidades aseguradoras que no los aceptarían o harían variar la prima en caso de conocerlos.

Ordinario

Son riesgos que no suponen una especial peligrosidad para las entidades aseguradoras en tanto en cuanto sus efectos son previsibles. En el caso de que les afectara algún hecho atípico, las aseguradoras los continúan aceptando aplicando sobreprimas o recargos.

Extrordinario

Estos riesgos, debido a su naturaleza, no son asumibles siendo necesario articular otras formas de seguros para darles cobertura. Son los llamados riesgos catastróficos.

La fotografía de un viejo puente de madera ilustra el artículo sobre el riesgo

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