En la antigüedad ya se dieron primitivas formas de seguros. Sin embargo, no es hasta la Edad Media que aparecen las primeras formas de pólizas de seguro. De esta época conocemos documentalmente los seguros marítimos. Aparecieron en el mar Mediterráneo, principalmente en Italia. En España también se dieron formas de seguro marítimo en esa época.

La primera póliza de seguro en la Edad Media de la que se tiene constancia data del año 1.347. Daba cobertura a un viaje por mar entre las ciudades de Génova y Mallorca. Estos primeros seguros marítimos europeos solían ser redactados por notarios. Se sabe, por ejemplo, de un notario de Barcelona llamado Bartolomé Masons que sólo en los años 1428 y 1429 redactó 380 pólizas de seguro. Daban cobertura nada menos que a 104 navíos diferentes. Esto da una idea del nivel de uso e implantación de este tipo de seguro en la Edad Media. Además de este notario se conocen a otros notarios que redactaron contratos de seguro en Milán, Génova, Florencia, Pisa y Marsella.

En paralelo al desarrollo de estas pólizas se sabe que se desarrolló el seguro de vida como complemento al seguro marítimo. Su finalidad era asegurar la vida de los pasajeros de estas embarcaciones. También se tiene conocimiento que estos primeros seguros de vida se convertían en ocasiones en apuestas. Se apostaba sobre la supervivencia o no de personas, motivo por el cual fueron prohibidas por las Ordenanzas de Barcelona.

Tipos de seguro en la Edad Media

Se pueden distinguir dos tipos de seguro en la Edad Media, el lucrativo, que se utilizaba para dar cobertura a los riesgos comerciales, y el no lucrativo, que mediante instituciones mutualistas daba coberturas para entierros, robos, enfermedades o accidentes.

Respecto al lucrativo, el primer código de derecho marítimo conocido, Libre de Consulat de Mar (1.494) recoge ordenanzas de seguros marítimos que son anteriores a su primera edición. Se trata de ordenanzas redactadas por encargo de la propia ciudad de Barcelona cuyo objetivo era hacer frente a los fraudes y daños que giraban en torno a las pólizas, lo que constata de nuevo que en esa época se hacía un uso frecuente de este tipo de contratos. En ese sentido, cabe destacar que el fraude más habitual de la época consistía en simular un siniestro para cobrar el seguro. Por ese motivo las ordenanzas prohibían asegurar la totalidad del buque y la carga. Sólo estaba permitido dar cobertura a tres cuartas partes de lo transportado. De este modo, el asegurado mantenía el interés en que no hubiera ningún tipo de siniestro.

Por último cabe destacar que en 1520 se redactaron las Ordenzas de Bilbao con fines similares.

 

Imagen de ciudad medieval que ilustra el artículo sobre el seguro en la Edad Media

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