Fotografía que ilustra el artículo sobre el seguro tras el descubrimiento de América

El seguro tras el descubrimiento de América vivió un fuerte desarrollo. Hay que tener en cuenta que, en el siglo XVI, atravesar el Atlántico implicaba correr un gran riesgo de no llegar a buen puerto. Y no sólo por el estado de la mar. El ritmo al que se organizaban las numerosas expediciones americanas casaba mal con la construcción de embarcaciones de calidad aceptable.

Según fuentes de la época, un alto porcentaje de los barcos que zarpaban desde Sevilla a América eran poco menos que inservibles. De ahí que algunos historiadores afirmasen que el comercio americano era una auténtica lotería. Y en ella, uno de cada tres barcos zarpados no volvía. El principal motivo era la escasez de naves dada la fuerte demanda, especialmente entre los años 1505 y 1555. A esta situación había que sumar la prohibición de utilizar barcos construidos en el extranjero, lo que agravaba la situación. En este contexto, la necesidad de asegurar barcos y cargamentos no hizo otra cosa que crecer.

Desarrollo del seguro tras el descubrimiento de América

El seguro tras el descubrimiento de América quedó bajo el control y supervisión de la Casa de Contratación. En las Ordenanzas de Monzón, por ejemplo, se dedican dos párrafos al fraude en los seguros. Para evitarlo, se prohibieron los contratos verbales. También se prohibió que la carga y los navíos se asegurasen por más de dos tercios de su valor. De este modo, el armador y el capitán mantenían entero el interés en llegar a puerto sanos y salvos.

Con la fundación en 1543 del Consulado de Sevilla, éste pasa a tener la competencia exclusiva en materia de seguros. Así, las Ordenanzas Consulares de 1556 reservaban la mitad de su extensión al tema de los seguros. Incluían diferentes modelos de pólizas de seguros. Según estas ordenanzas, el seguro tras el descubrimiento de América era habitualmente contratado entre mercaderes, no existiendo la figura del profesional especializado en seguros. A la larga, sin embargo aparecieron otros tipos de aseguradores como funcionarios, rentistas y personas con grandes patrimonios.

Cuando empezó a desarrollarse el seguro tras el descubrimiento de América, el seguro marítimo ya estaba asentado y regulado tanto en el Mediterráneo como en el Báltico. Por este motivo en la Carrera de Indias abundaron aseguradores primero genoveses y, más tarde, flamencos, alemanes, ingleses y franceses.

Fraude

Debido en gran parte porque el seguro era en confianza, es decir, entre particulares y sin documento público, contratado a través de la intermediación de un corredor de oreja, el caso es que el fraude era ya entonces algo habitual: declaraciones de cargas diferentes a las declaradas en el seguro o dobles aseguramientos eran algo frecuente. Por todo ello, finalmente las autoridades tendieron a intervenir de forma asidua y rigurosa, lo que generó protestas excepto entre los mercaderes que actuaban de buena fe. A modo de ilustración sabemos que, en esa época, el precio del seguro giraba en torno al  14 % del valor asegurado, algo que parece una barbaridad según nuestros baremos actuales.

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